NORMAN BRISKI EN "VOLVEREMOS Y SEREMOS PEORES"
"El feliz regreso como actor a un escenario muy particular"
(RESUMEN LATINOAMERICANO. ENTREVISTA DE CARLOS AZNAREZ)
-Estás presentado en Mar del Plata un espectáculo que es como una vuelta de Briski al monólogo, pero también a una antología de tus distintas épocas como actor.
-En principio no tengo ninguna otra cosa en la cabeza que expresarme como actor, cosa que me viene muy bien hacer, estar en el escenario, porque un aviador necesita andar en avión y un actor necesita estar en un escenario. En ese sentido, es muy linda práctica, pero no hay especulaciones de ningún tipo, no cobro un solo centavo, me llevan y me traen como si fuese un boxeador, y me da muchísima alegría hacer un material que transmite novedades conceptuales o ideas sobre las alternativas que están institucionalizadas. Un tipo como sería el de la silla eléctrica (uno de los monólogos) al que le da mucha bronca creer que pueden pensar de él que es inmortal. Hay muchas cosas que se están diciendo y que abren ventanas. Tampoco hago especulaciones de mercado y a quién esto le podría significar algo. Me mando y me parece que hay algo simpático, que podría ser que la gente piense un rato, qué está haciendo de estos temas que se toman, que sería que no podemos juzgar porque no hay canchas de fútbol y no hay superficie para la libertad y los juegos. Hay muchísimos temas en estos monólogos que son para pensar y cuestionarse dónde estamos en esas prácticas existenciales, es como cuestionarnos nuestra existencia con temas del amor y de desigualdades que no son tales. Hay que verlo.
-¿Sos consciente de que estos monólogos se meten en Mar del Plata en verano donde la realidad está en otro andarivel totalmente distinto?
-Ese andarivel es el del modelo social de la felicidad, la ciudad feliz. Sinceramente, ayer por ejemplo vi en una cuadra casi cuatro enojos de familias frente a la frustración de que la ciudad feliz parece que les trae cierta infelicidad. Eso por un lado, que sería fantástico que suceda, acá pareciera que todo es un mercado para que vos consumas, y un mercado barato y de medialunas que ya vuelan de livianas que son. Me parece que lo que hago en Mar del Plata primero que es totalmente un azar. Porque todo comenzó con que el año pasado fui invitado al bario de Almirante Brown a una charla e hice un monólogo sobre el Almirante Brown, un gran luchador irlandés contra los ingleses.
Hay un compañero ahí, que se llama Waldemar, que es un misil, tiene una polenta increíble, con su familia, su señora, sus hijos, que todos van juntos siempre, y ha querido inventar esto de ir a un teatro del centro de Mar del Plata y me pide a mi que haga esos monólogos. A mí, cuando me plantean esas cosas no dudo un segundo, vamos, porque son modelos contraculturales. Lo que hago sobre el escenario es interesante porque en el teatro de enfrente hay otro ruso, con sus chistes políticos inteligentes y vacíos, que nada más producen la burla y es como consumir con la burla la posibilidad de tu fuego. No lo veo mal porque cuando no hay nada por lo menos burlémonos, en ese sentido no me pongo en contra. Pero, decir qué sería una sociedad nueva, qué sería una posibilidad de darlo vuelta todo, es lo que a mí me interesa.
En el principio de la conversación vos decías ‘ante esta nueva situación’ , por el nuevo gobierno, pero esta situación es muy vieja para mí. Por mi edad, viví el primer peronismo, y esto es como un resabio mocoso de lo que significó aquella vez, que siendo un proyecto reformista, las reformas tenían su ataque a la oligarquía frontalmente y se defendía la creación de una clase trabajadora digna. Entonces, es verdad que seguía siendo capitalista, pero las reformas han sido contundentes. Hoy cómo le pagamos al Fondo la reforma y cómo hacemos el parche para que no se levanten los tres sindicatos que son más poderosos que el gobierno, mucho más complejo para poder pensar en una reparación real de lo que significa la vida de un trabajador. Me parece que la medida de un país es la vida de sus trabajadores, y después la discusión de por qué trabajamos. Si hago un modelo cultural del tipo de un ladrón, cuánto vas a ganar si trabajas en una fábrica, no le va a alcanzar ni para llegar a fin de mes. Entonces ¿es un ladrón o es un tipo que repara su situación de sueldos que no le alcanzan para llegar a fin de mes? Todos están diciendo que son ladrones y hay que encerrarlos, que no alcanzan las cárceles, que la situación de las cárceles es un espanto, y va a seguir siendo así. Estos son unos ecos, alguna canción debe haber, de aquello que fue, pero la señora y el señor no pueden levantar ni una carretilla. Esto no puede abarcar la enorme desigualdad estúpida que tiene este país.
(Transcripción: Guillermina R. Iturralde.)
Norman Briski se presenta todos los lunes de enero y febrero en el Teatro ReFaSi, de Luro y Corrientes, Mar del Plata, a las 20 horas.
































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